
Existen muchas formas de relacionarnos con los ecosistemas energéticos de esta realidad. Nos relacionamos para habitarlos, para ocupar los diseñados por alguien/es más, en este u otro tiempo y espacio.
Nos relacionamos para modificar energías que nos resultan pesadas, poco agradables o poco nutritivas. Y también nos relacionamos para crear nuevos hábitats energéticos, hechos a nuestra medida, hechos con los parámetros que se acomodan a nosotros, pero también con todo eso que se desparametrea de lo conocido y nos invita a crear más, a hacerlo diferente, a no recortarnos para encajar, sino a crear ese espacio que vibra con nuestra expansión.
Avancemos con lo que nos hace bien, avancemos con lo que nos nutre, con eso que nos dibuja una sonrisa y es tan grato que lo haríamos hasta gratis. Seamos más de lo que somos. No porque nos falte alcanzar nada, sino para que dejemos salir eso que escondemos, la magia que existe dentro de cada Ser.
Así como Miguel Ángel Buonarroti decía «La escultura ya está dentro del bloque de mármol. Solo tengo que quitar lo que sobra».
Nuestra magnificencia ya está en nuestro interior.
Perforemos el caparazón que nos hemos creado, que nos han creado, porque por una pequeñísima fisura, por una estrechisima rendijita, es muy probable que podamos apreciar el color de nuestra luz, y permitirnos compartir al mundo eso que somos, nuestra unicidad que brilla con un modo propio.
¿Con cuántos ecosistemas energéticos nos estamos relacionando?
¿Cuántos de ellos nos resultan disfrutables?
¿Qué elecciones diferentes estamos haciendo para movernos de esos que no están siendo nutritivos?

Deja un comentario