Dejar de construir jaulas

Cuando era niña, la feria de Tristán Narvaja tenía varios puestos de venta de pájaros en jaulas. Jaulas pequeñas o más amplias, pero jaulas al fin.
Era parte del paseo y pocas veces y nadie se detenía mucho a pensar en esa vida que tenía alas y no podía volar.

Creo que en muchos aspectos estamos avanzando como sociedad, como humanidad. Existe más conciencia sobre muchas cosas que antes aceptábamos sin preguntarnos demasiado.

Un ejemplo de esa evolución es el trato hacia la niñez y las mujeres.
Durante mucho tiempo se confundió educar con imponer miedo, y se consideraron normales los golpes, las humillaciones o la obligación de callarse frente a los más grandes.
Hoy existe más espacio para artender a lo que se siente, respetar otras individualidades y escuchar sobre eso que les/nos sucede. Eso unido a la feminidad invisibilizada desde pequeñas, las voces de tantas mujeres que quedaron fuera de los relatos, de las decisiones y del reconocimiento, que vivieron sin reconocimiento el trabajo de cuidar, criar y sostener una casa. En los deseos que debían acomodarse a lo que se esperaba de una, aunque para hacerlo hubiera que dejar una parte propia en el camino.

Continúan pasando cosas dolorosas. Hay violencia, injusticias y cambios que todavía no llegan a todas las personas, pero la indignación colectiva, el repudio generalizado ante situaciones de injusticia y violencia gritan progreso social. Avances que necesitan ser defendidos para no perderse. La conciencia se amplía generación a generación .

No todo está resuelto, pero tampoco todo sigue igual.
Y cuando recuerdo aquellos pájaros en la feria, pienso en cuántas jaulas hemos empezado a reconocer.
Algunas todavía están ahí.
Otras ya tienen la puerta abierta.
Y están también las que por fin, estamos dejando de construir.

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