Saliendo de la baldosa

(Te comparto un pedacito del libro que estoy por dar a luz, una invitación a levantar la mirada desde esa baldosa en la que estás y descubrir qué hay un poco más allá de lo que ves todos los días).
Imagina que una persona se encuentra en el umbral de la puerta de su casa.
Desde allí su percepción es limitada: ve el frente, reconoce los límites de su terreno por los costados, su jardín, parte de la calle enfrente, tal vez la fachada de la casa del vecino cruzando la calle. El mundo existe hasta donde alcanzan sus ojos desde ese punto.
Si esa misma persona se sube al techo de la casa, su percepción se amplía. Aparecerá el terreno de otras casas, su frente y su fondo, y el fondo de los vecinos de al lado, árboles más lejanos, una visión diferente, un barrio. No cambió el mundo. Cambió el punto desde el cual lo observa. Pero si sube unos metros más, como si flotara 10 metros sobre el techo. Podrá distinguir el contorno completo de la manzana, todos los fondos, frentes y calles que los contienen, límites y espacios. Las relaciones entre algunos lugares, qué zonas se conectan entre sí, las entradas y salidas.
Al elevarse aún más, la ciudad entera se vuelve visible. Los barrios se ven como un mapa vivo, las avenidas, los ríos, las zonas verdes. Aparecen patrones que ordenan.
Si continúa alejándose, el país entero entra en el campo de visión, se perciben fronteras, relieves. Y en un momento, al alejarse todavía más, la persona puede ver el planeta. Un cuerpo inerte, lleno de vida, suspendido en el espacio, sin divisiones visibles, sin líneas que separen.
Desde ahí, lo que antes parecía enorme se vuelve pequeño, y lo que parecía un problema se vuelve parte del proceso.
Cuanto más se amplía la distancia, más información aparece.
No porque el mundo cambie, sino porque la conciencia que observa se expande.
Así funciona también el cuerpo.
Así funciona el placer.
Así funciona la energía.
Cuando miramos solo desde la puerta (desde el síntoma, desde la tensión, desde el problema, desde la limitación que hacemos ley, desde la experiencia inmediata) creemos que eso es todo. Pero a medida que ampliamos la percepción, aparecen capas más profundas: memorias, historias, campos energéticos, herencias invisibles.
Nada nuevo se agrega.
Sólo se percibe con otra claridad lo que ya estaba.
Y cuanto más amplia es la mirada, más posibilidades aparecen de comprender, liberar y crear algo diferente.

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